Llevo casi una década dedicada al desarrollo web. Durante este tiempo, he tenido la suerte de trabajar con clientes y proyectos muy diversos, ayudando a personas y negocios a crear su presencia digital, crecer y alcanzar sus objetivos. Pero también he tenido que aprender a decir “no”. No a ciertos sectores, no a ciertos proyectos, y no a ciertos propósitos que, aunque puedan ser rentables, no encajan con mis valores personales ni profesionales.
Este artículo no pretende ser una crítica gratuita ni una imposición moral. Es, simplemente, una declaración honesta: una explicación clara de los sectores para los que no desarrollo páginas web y, sobre todo, del porqué.
La ética como base de mi trabajo
Internet es una herramienta poderosísima. Puede usarse para educar, conectar, sanar, inspirar… pero también para manipular, engañar y estafar. Como desarrolladora web, sé que mi trabajo tiene impacto. Crear una web no es solo “hacer una página bonita”. Es dar visibilidad, legitimidad y alcance a una marca, una idea o un modelo de negocio. Y yo, personalmente, no quiero poner mi conocimiento ni mi tiempo al servicio de proyectos que considero perjudiciales, dudosos o directamente engañosos.
Sectores para los que no trabajo
Estas son las áreas que rechazo de forma activa y deliberada, junto con mis razones.
Casas de apuestas y juegos de azar
No colaboro con negocios relacionados con las apuestas online, los casinos virtuales ni ningún tipo de plataforma de juego de azar. ¿Por qué? Porque son un problema de salud pública y social.
Las casas de apuestas se presentan como entretenimiento, pero en realidad son negocios diseñados para explotar la adicción. Usan técnicas psicológicas agresivas para enganchar a las personas, especialmente a los más jóvenes y vulnerables, y destruir lentamente su economía, su bienestar y sus relaciones personales.
Además, muchas de estas empresas operan en zonas grises legales, no siempre cumplen con normativas claras y tienden a esconder cláusulas abusivas o condiciones engañosas. No quiero ser cómplice de eso. No quiero contribuir al diseño de plataformas que están pensadas para atrapar y no para divertir.
Pseudomedicina, pseudociencia y homeopatía
Otro sector que rechazo categóricamente es el de la pseudomedicina y las prácticas sin evidencia científica: homeopatía, “terapias energéticas”, productos milagro, biodescodificación, detox, bioneuroemoción, entre tantas otras.
Este tipo de negocios venden ilusiones disfrazadas de salud. Prometen curas sin fundamento, explotan el miedo y la desesperación de personas enfermas, y en muchos casos retrasan o sustituyen tratamientos médicos reales. Algunos incluso promueven teorías peligrosas que niegan enfermedades o minimizan riesgos reales.
Como desarrolladora, podría crearles una web profesional, funcional y atractiva. Pero no quiero que esa web ayude a más personas a caer en un engaño. No quiero que mi trabajo contribuya, aunque sea de forma indirecta, a poner en riesgo la salud de nadie.
Astrología, tarot, adivinación y parapsicología
No creo en la astrología. Ni en el tarot, ni en la numerología, ni en la lectura de manos, ni en ningún tipo de práctica adivinatoria o esotérica. Respeto que haya personas que encuentren en ello consuelo, pero no me parece ético ayudar a monetizar creencias disfrazadas de verdades.
Muchos negocios de este sector juegan con la esperanza, la incertidumbre y la vulnerabilidad emocional de las personas. Venden “lecturas de futuro” como si fueran diagnósticos certeros, y se aprovechan de quienes buscan respuestas en momentos difíciles.
Además, estas prácticas suelen estar asociadas a un marketing engañoso, con frases ambiguas, promesas excesivas y testimonios dudosos. No quiero usar mis habilidades para potenciar este tipo de mensajes. No quiero ayudar a que una web que vende cartas del tarot se vea más fiable o más “seria” de lo que es.
Criptomonedas y activos digitales especulativos
La tecnología blockchain tiene aplicaciones interesantes y legítimas. Pero en la práctica, el mundo de las criptomonedas está, en su mayoría, plagado de proyectos especulativos, promesas vacías y riesgos extremos para el usuario medio.
He recibido propuestas para crear webs de “formación en inversión cripto”, “plataformas de staking” o incluso “nuevas monedas”. Y he dicho que no.
La mayoría de estos proyectos se presentan como oportunidades revolucionarias, pero en realidad están diseñados para beneficiar a unos pocos y dejar pérdidas enormes a la mayoría. Son, en muchos casos, estructuras insostenibles que dependen de atraer constantemente a nuevos usuarios para seguir funcionando, como si de un esquema piramidal se tratara.
Mi decisión no es porque “no entienda el sector”. Es porque entiendo perfectamente lo que implica, y no quiero formar parte de esa maquinaria.
Esquemas piramidales y modelos de negocio engañosos
Hay muchas formas de disfrazar un esquema piramidal: redes de “marketing multinivel”, supuestos programas de afiliación, “oportunidades de negocio” que prometen ingresos pasivos con una mínima inversión…
Si el modelo de negocio se basa en que tú ganes dinero por atraer a otras personas que a su vez tienen que atraer a más personas, no estás vendiendo un producto ni ofreciendo un servicio real: estás alimentando una estafa.
He aprendido a identificar estos proyectos. Aunque cambien de nombre o estética, la estructura es siempre la misma. Y lo tengo claro: no desarrollo webs para esquemas piramidales. No quiero que mi trabajo contribuya a que más personas pierdan tiempo, dinero y confianza en los negocios online.
Cualquier empresa o proyecto con propósito engañoso o poco ético
Más allá de los sectores anteriores, también rechazo colaborar con cualquier empresa o proyecto que, tras analizarlo, me parezca poco ético, engañoso o directamente inmoral.
Esto incluye:
- Proyectos que promueven el odio, la discriminación o la violencia.
- Empresas que se aprovechan del miedo, el dolor o la desinformación.
- Servicios que prometen resultados garantizados sin base real.
No me guío solo por la legalidad, sino por la ética. Hay muchas cosas que son legales, pero no por eso son justas o correctas. Y no quiero participar en ellas.
Una decisión profesional, sí. Pero también personal.
Mi trabajo es una extensión de mis valores. La honestidad, la transparencia y la responsabilidad no son solo palabras bonitas: son principios que aplico a diario. Decir “no” a ciertos sectores es, para mí, una forma de coherencia. Una manera de dormir tranquila sabiendo que no estoy ayudando a dañar, engañar o manipular a nadie.
El rapero El Chojín sacó en 2007 el tema «Ríe cuando puedas, llora cuando lo necesites«, yo tendría unos 15 años. Y en él, estaba la frase «Hoy busco: dormir a gusto, no suena muy ambicioso pero créeme, es mucho.». Y en aquella época creo que no llegaba a entender la frase. Pero a día de hoy sí y la recito en mi interior cada vez que rechazo uno de estos proyectos.
También es una forma de proteger a mis futuros clientes: trabajo solo con proyectos en los que creo, que puedo recomendar sin reservas y que me gustaría ver crecer. Cuando desarrollo una web, la hago con ilusión, con compromiso, con la tranquilidad de saber que estoy aportando algo positivo.
No todo vale
No, no todo vale. No todo merece tener una web bonita. No todo merece visibilidad. Y no todo se puede justificar por dinero.
Hay desarrolladores web que aceptan cualquier encargo. Lo respeto. Pero no es mi camino.
Prefiero trabajar con personas y negocios que construyen, que suman, que aportan valor real. Si eso significa decir “no” a ciertos sectores, lo haré las veces que haga falta.
Porque no quiero colaborar con el mal. No quiero poner mis conocimientos al servicio de la mentira o la manipulación. Y porque, después de tantos años en esta profesión, tengo claro que lo más valioso que tengo no es mi portfolio, sino mi integridad.